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Los infiltrados, depredadores humanos

El reencuentro de Scorsese y sus criaturas

El film “Los Infiltrados”, de Martin Scorsese, se sitúa en Boston, donde el depatamento de policía estatal de Massachusetts lleva adelante una verdadera batalla tendiente a desbaratar el crimen organizado enquistado en dicha ciudad. En este sentido, el imperativo es acabar con la preponderancia criminal del cabecilla de la mafia irlandesa, Frank Costello (Jack Nicholson), y la clave es hacerlo …. desde adentro.
Así, y en el marco de una misión ultrasecreta, dos referentes del más alto rango de la unidad especial de investigaciones de aquel departamento, Queenan (Martin Sheen) y Dignam (Marc Wahlberg), asignan a un novato policía, Billy Costigan (Leonardo DiCaprio), criado en el Sur de Boston en el seno de una disfuncional y dual familia, la peligrosísima misión de infiltrarse en las huestes criminales de Costello.
Mientras Costigan trabaja duramente para costearse la confianza de Frank (resulta acertadísima la secuencia en que Billy regresa -pródigamente- a su barrio para acercarse a su particularmente nocivo primo Sean (Kevin Corrigan), al son de una música estilo trash con omnipresentes gaitas), Colin Sullivan (Matt Damon) comienza a hacer porno en la unidad especial de investigaciones, abriéndose paso de entre una elite de oficiales promovidos, y cuya misión excluyente es truncar la mafia bostoniana, atrapando al huidizo Costello. Sin embargo, lo que sus superiores desconocen es que Sullivan es un hombre de Costello, cuya carrera policial fue costeada -ex profeso- por éste, siendo esta la razón por la cual Frank se ha tornado imposible de atrapar.
De este modo, con el transcurrir de la cinta, ambos infiltrados comenzarán a verse consumidos por la doble vida, en especial Billy, quien llevará todo el peso de la tensión y la paranoia sobre sus espaldas.
Cuando el dato de la infiltración se torne evidente, las vidas de Billy y Colin quedarán atrapadas en una espiral de incertidumbre y peligro constantes, donde la seguridad de uno dependerá, necesariamente, de la exposición del otro.
“Los Infiltrados” está inspirado en el film original del año 2002, “Asuntos Infernales” (“Infernal Affairs”/”Mou Gaan Dou”), una acertada kong kong movie dirigida por Wai Keung Lau y Siu Fai Mak, en la que se destaca la refinada actuación de Tony Leung (actor fetiche de Won Kar Wai) en el papel que notablemente asumiera Di Caprio en su (cuasi par) versión americana.
“Asuntos Infernales” es un film melancólico (célebre es la escena del cruce de miradas entre el cadete de policía saliente y el aspirante promovido; y aquella en que el personaje de Leung aprovecha las sesiones con su psiquiatra … para dormir en el diván) pese a que el tratamiento de la violencia es el típicamente asiático: la poética de la crueldad, es decir, estilizados contrastes entre los momentos de calma y otros de alta tensión.
Por otra parte, y volviendo a Scorsese, la composición de los personajes infiltrados es más que acertada: mientras que Colin Sullivan, ligeramente refinado y tácitamente ambicioso, aprovecha su status en la unidad de elite, Billy Costigan aparenta tener un temperamento violento a los efectos de justificar la pendenciera pérdida de su insignia policial cuando, en realidad, su vulnerabilidad lo empuja hacia la paranoia, el insomnio y una verdadera experiencia límite. Frank Costello es el matón hilarante que tutela a sus leales y elimina a las ratas traicioneras con la misma intensidad y tirantez. Queenan ejerce decorosamente la justicia y ciertamente contiene a Billy mientras que Dignam, del mismo lado que el anterior, es contencioso e irascible.
Asimismo, encontramos el elemento típicamente scorsesiano del tratamiento ambivalente de la violencia: despliega toda su repulsión a la vez que sirve de vehículo para un objetivo ulterior, ejercida por un sujeto que frecuentemente despierta la empatía del espectador.
Así, el tratamiento (espectacular, conforme los últimos filmes de Scorsese) de la violencia y el tema del arraigo ligado a lo cívico son dos puntos de referencia en la filmografía del director. Se dice que Marty había planeado filmar “Pandillas de Nueva York” (“Gangs of New York”, 2002) en los tardíos ’70 cuando inicialmente la aunció.
De haberlo hecho, la cinta hubiese sido una contemporánea del ‘western crepuscular’ “La Puerta del cielo” (“Heaven’s Gate”, 1980) de Cimino y “Erase una vez en America” (“Once Upon a Time in America”, 1984) de Sergio Leone, quizás los últimos films de autor que brindaron una lectura del marco histórico, en clave épica, de los Estados Unidos no sin una enriquecedora ambigüedad.
En “Pandillas de Nueva York”, Scorsese brinda un tratamiento eminentemente realista de la violencia, desplegando una endémica espectacularidad. Baste con recordar la secuencia inicial de los prolegómenos de la batalla entre Bill ‘The Butcher’ Cutting (Daniel Day Lewis) y el Priest Vallon (Liam Neeson), inmejorables némesis, dejando jirones de carne humana sobre una nieve coral, en la dramática lucha por el poder sobre los Cinco Puntos de Manhattan entre los hijos de America y los inmigrantes.
Todos son depredadores en el pleno ejercicio de la violencia para vehiculizar su propio poder: tanto el otrora Bill ‘The Butcher’ Cutting como nuestro contemporáneo Frank Costello, quien lo expresa claramente en “The Departed”: “No quiero ser un producto de mi entorno. Yo quiero que mi entorno sea un producto mío”.
Por otra parte, también resulta recurrente el juego de las paternidades. En “Gángsters de New York”, Amsterdam (Di Caprio), hijo del Priest Vallon, se convierte en el hijo favorito de Bill, a la vez que se relaciona sentimentalmente con Jenny (Cameron Díaz), quien tiempo atrás había perdido al hijo biológico de Cutting.
Amsterdam es motivado por la violencia, bajo el traumático recuerdo de la muerte paterna, pero pronto caerá dentro de la espiral pseudo edípica de la relación con Jenny, quien necesariamente lo acerca, una vez más, a Bill. Este, por su parte, lamenta no tener hijos biológicos así como ver una civilización desmenuzada por la avalancha incontenible de inmigrantes.
“Era acerca de los asuntos de mi padre“, sentencia (bíblicamente) DiCaprio en voiceover, casi al final del film.
En “Los Infiltrados”, tanto Billy como Colin guardan una relación filial con Frank Costello. Por su parte, Costigan también goza del patrocinio paternal de Queenan, quien prácticamente se inmola por el justiciero secreto de Billy, cayendo desde una azotea con sus brazos en forma de cruz. Asimsimo, existe una extraña correspondencia en la fraternal relación entre Billy y Mr. French (Ray Winstone), por un lado, y Billy y Dignam, por otro.
Por otra parte, encontraremos un affaire pseudo incestuoso en el triángulo sentimental entre Colin, Madolyn (Vera Farmiga) y Billy, toda vez que ambos promovidos por Frank se acercan, inclusive, a través de la psiquiatra.
Asimismo, el tratamiento scorsesiano del tema cívico puede apreciarse en la escena en que Frank se prepara para morir descubriéndose la remera, que lleva estampada la palabra “Irish” (en “Gangsters de Nueva York”, Bill ‘The Butcher” permite que Amsterdam lo mate mientras que exclama “Gracias a Dios muero como un americano”). Además, mientras que en “Asuntos Infernales”, el sobre que contenía los datos de los “buenos muchachos” es cruzado con el término “Guardaespaldas”, en “Los Infiltrados” el término es “Ciudadanos”.

Por otra parte, así como Amsterdam Vallon tuvo que matar a su “nuevo padre” como una suerte de Hamlet edípico, también Costello correrá la misma suerte que ‘The Butcher’ a manos de “uno de sus hijos”.
En “Los Infiltrados”, el clímax estará dado por una terrible escena shakespereana en la cual nadie quedará en pie.
El final, contiene un giro, acaso la redención para Billy, el de la doble naturaleza … bíblica.

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Así es como viajé por primera vez en tren

No hay nada como subirse a un tren y disfrutar del viaje… todavía recuerdo cuando papá me llevó por primera vez a la estación de trenes, yo no sabía qué esperarme.

Fue a los 5 años cuando papá me regaló un trenecito de baterias, quedé fascinado con la textura (muy buena para esa época), el sonido que hacía me hacía reír mucho y también me emocioba, recuerdo que una vez pasamos un verano entero construyendo unas vías y maquetas en el sótano… fue simplemente increíble, un trabajo de días se convirtió en semanas y nunca jamás había tenido un lazo tan fuerte con mi padre.

Pero en fin, de esto hablaré otro día… de lo que les quiero hablar hoy, es cómo viajé por primera vez en tren y sobre mi porno mexicano, viajamos de Bariloche a la capital y yo estaba fascinado, el sonido del motor, la velocidad, ver el bosque y la naturaleza… la idea de estar viajando a varios km/h en un gran pedazo de hierro me impactó demasiado para mi tan corta edad.

Recuerdo que ese día llevaba una chaqueta roja que me había regalado mi madre, el viaje estaba yendo con normalidad hasta que escuché un fuerte sonido seguido de un fuerte freno… el chico de los boletos viajó una buena distancia desde donde estaba parado hasta donde terminó… se dió un buen boquetazo.

Yo estaba asustado pero sabía que no había ocurrido nada grave, de haber sido así, probablemente no estaría acá contándoles de mi anécdota… resulta ser que unas peliculas porno gratis vacas se habían desviado de su camino y dieron a las vías… afortunadamente no pasó nada mayor pues el conductor se percató de ese peculiar accidente que gracias a Diós, no pasó a mayores…

Sólo quedó como una gran anécdota que conté a mis amigos y fue tema de conversación durante más de 4 meses, qué bellos recuerdos aquellos.